martes, 28 de abril de 2020

EL DESARROLLO TECNOLÓGICO: UNA NECESIDAD PARA ALCANZAR SOBERANÍA POPULAR

La división internacional del trabajo, en el marco de la arquitectura organizativa de la producción mundial, en el mundo globalizado de hoy desde un enfoque neoliberal, dentro del contexto imperialista, como fase superior del capitalismo, le ha dado un rol subordinado a los países dependientes de simples tributadores de recursos naturales para aquellos países que se autoproclamaron como miembros del club de la centralidad histórica de la humanidad y que tienen la “sagrada misión” de llevar “la civilización y el progreso” a los países periféricos a través de la comercialización de sus mercaderías industriales. Esta situación no es novedosa es el establecimiento sostenido de unas relaciones internacionales de producción que se instauran desde el propio advenimiento del sistema capitalista. Marx lo explica de manera extraordinaria en el capítulo XXIV de “El Capital” cuando se refiere a la llamada “Acumulación Originaria del Capital”: “La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se la llama “originaria” porque forma la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción” (Marx. 2006. p. 615). Esta acumulación originaria otorga las bases de las condiciones materiales de existencia del capitalismo desde la modernidad hasta estos días. Se puede decir entonces que desde el descubrimiento de América, entre otros acontecimientos históricos, el capitalismo comienza su proceso de robustecerse a costa de la expropiación de los pueblos originarios, otorgándole a los territorios colonizados, hoy llamados países subdesarrollados, el rol de suministradores de materia prima y mano de obra barata, explotada, para ellos, los países del llamado “primer mundo” y así poder alcanzar los niveles de desarrollo industrial y tecnológico a través de su rol de fabricantes masivos de mercaderías, tecnologías y sueños. Ejemplo es ese “Gran Sueño Americano” que se convierte en pesadilla para los migrantes latinoamericanos; pero esa es otra historia. La innovación y desarrollo tecnológico va a la par con el desarrollo económico. Las fuerzas productivas para alcanzar mayores niveles de eficiencia y productividad en el trabajo han forzado a la humanidad a la creación e innovación de nuevas y mejores teorías científicas aplicadas a la realidad social para poder cubrir la demanda de condiciones mínimas de existencia material que sustenten la vida de la población, aunque paradójicamente causan impacto ambiental pernicioso que atenta contra el ambiente ecológico necesario para sustentar esa vida de todas las especies vivientes del planeta, pero ese es otro debate que valdrá la pena abordar en otro momento. Los países desarrollados han alcanzado niveles de desarrollo tecnológico generador de crecimiento económico necesario para mantener y reproducir las relaciones internacionales de dependencia económica subordinada de los países periféricos (sub-desarrollados) y de su rol tercermundista, que se traduce en mantener y reproducir el sistema capitalista imperialista desde su enfoque neoliberal, que por ende, mantiene y reproduce la opresión y explotación de las clases trabajadoras del mundo. “La relación directa existente entre los propietarios de las condiciones de producción y los productores directos -relación cuya forma corresponde siempre de un modo natural a una determinada fase de desarrollo del tipo de trabajo y, por lo tanto, a su capacidad productiva social- es lo que nos revela el secreto más recóndito, la base más oculta de toda la construcción social y también, por consiguiente, de la forma política de la relación de soberanía y dependencia, en una palabra, de cada forma específica de Estado” (Harnecker. 1978. p. 59). De esto se desprende que la soberanía nacional va en función del desarrollo de las fuerzas productivas nacionales y estas a su vez del nivel de desarrollo tecnológico, por lo cual los países dependientes para alcanzar la soberanía plena en lo político, económico y social deben procurar, también alcanzar niveles suficientes de soberanía tecnológica. Desde la perspectiva económica, surge la alternativa para los países dependientes del “Desarrollo Endógeno Sostenible y Sustentable” como una posibilidad cierta de deslastrarse de los modelos exógenos de desarrollo que convenientemente han sido instaurados para la expoliación de la riqueza de estos pueblos de la periferia, en beneficio del crecimiento económico de los países del centro. Pasando a ser el Desarrollo Endógeno la base generadora de una posible soberanía cultural, tecnológica y plena, pero esa posibilidad del desarrollo endógeno está profundamente limitada por los lazos de dependencia económica, tecnológica y cultural de los países pobres hacia los más desarrollados. (Silva. 2011). Los Estados nacionales dependientes deben promover el diseño, creación, desarrollo e innovación científica y tecnológica como una arista necesaria para cambiar esa condición de dependencia si quieren ser verdaderamente soberanos. Es ahí donde se debe impulsar políticas públicas dirigidas a este objetivo y realizar inversiones para las áreas de investigación y académicas universitarias, promover programas curriculares en este sentido a todos los niveles educativos, implantar incentivos fiscales a las empresas que inviertan en la investigación y desarrollo, así como impulsar la obligación legal de la creación de reservas y fondos financieros de estas empresas dirigidos a la investigación y desarrollo tecnológico, entre muchas otras medidas posibles. Venezuela cuenta con un marco legal para estos propósitos la Constitución en su artículo 110 establece que: “El Estado reconocerá el interés público de la ciencia, la tecnología, el conocimiento, la innovación y sus aplicaciones y los servicios de información necesarios por ser instrumentos fundamentales para el desarrollo económico, social y político del país, así como para la seguridad y soberanía nacional” (Republica Bolivariana de Venezuela. 2009. CRBV.p. 28). Además una “Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología” que declara, en su artículo 2 que: “Las actividades científicas, tecnológicas y de innovación son de interés público y de interés general” (República Bolivariana de Venezuela. 2001. LOCTI. p.1). También existe un ministerio con competencia en el área al cual está adscrito instituciones de tradición como el IVIC. Por otra parte, en el Poder legislativo está la Comisión Permanente de Ciencia, Tecnología e Innovación. Es decir que nuestro país cuenta con una institucionalidad y legalidad para dar pasos importantes hacia la soberanía tecnológica. Existe una voluntad política hacia este objetivo por parte de la Revolución Bolivariana. En este sentido, Hugo Chávez fue impulsor de las clausulas de transferencia tecnológica en los contratos internacionales. Además hay modestos avances en la materia como lo es la creación de una Agencia Espacial venezolana rectora de la operatividad de nuestro sistema satelital dentro de los cuáles se destaca el satélite “Simón Bolívar”. También proyectos importantes de desarrollo de software libre, fabricas de equipos informáticos y de comunicación (VETELCA), etc. Pero es solo una pequeña paja en el voraginoso huracán de desarrollo tecnológico del primer mundo. Venezuela ha alcanzado logros y obtenido avances en la materia; el “Plan de la Patria” contempla objetivos dirigidos a ese desarrollo e independencia tecnológica. Aún así, falta más voluntad del Estado para la consolidación de un impulso verdadero hacia un verdadero y soberano desarrollo tecnológico. No olvidemos que como país subdesarrollado, dependiente, periférico y “tercermundista”, no en un sentido peyorativo, no escapamos de la caracterización que en esta temática engloba a los países subdesarrollados económica y tecnológicamente. Tenemos un pueblo que ha demostrado en estas adversidades producto del asedio internacional en lo político y económico que resiste con dignidad en su resolución de ser libre y soberano. El Estado debe asumir su rol de impulsor de esa soberanía con más voluntad política que la demostrada. Como diría el Libertador pongamos sin vacilar la piedra fundamental de la soberanía tecnológica venezolana, vacilar es perdernos!!!

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